Me acordé que de vez en cuando me llegaba algún email de Change.org donde solicitaban mi firma y mi ayuda a alguna causa o lucha, algunas de alto impacto social y otras no tanto, la verdad. Y es cierto que en algún caso había firmado … sinceramente sin preguntarme mucho más.
Y en entonces me dije: «Pues una vía más para mi pequeña lucha». Es cierto que en comparación con algunas de las reclamaciones que aparecen, la #torretadelavergüenza pasaría desapercibida o incluso parecería insultante. Pero en el punto de incredulidad que me encontraba, cualquier granito de arena, cualquier pequeño gesto o publicidad me ayudaría, incluso en lo personal a lenvantar un poco el ánimo. Pero …
Punto 6. Change.org: como funciona el activismo «online»
Change.org: así funciona el gran negocio del activismo online. Así comienza el artículo de Sergio Ferrer en Xataka del que recomiendo profundamente su lectura:
«Change nació en 2007 como una “red social sin ánimo de lucro” centrada en el activismo. Hoy es una empresa con más de 200 millones de usuarios (14 de ellos en España), oficinas en 18 países y más de 150 empleados, según datos extraídos de su web. Por el camino ha recibido críticas por su modelo de negocio y su manera de gestionar la participación ciudadana.
La investigadora de la Universidad de Valladolid Dafne Calvo es una de las pocas en España que ha estudiado el funcionamiento de la empresa desde un punto de vista académico. Hasta 2016, “Change se financiaba mediante el coste por adquisición”, explica a Xataka por teléfono. Esto quiere decir que ONG como Aministía Internacional pagaban un porcentaje a la plataforma por cada suscriptor que obtenían a través de las campañas patrocinadas …»
Pero había más. De repente me encuentro … ¡Una petición en Change.org para cerrar Change.org!

En nuestro caso particular sobre la #torretadelavergüenza, os diré que la publicación del anuncio es gratis y, a partir de ese momento, salvo que sea algo de muy alto impacto, con sesgo político-social, con capacidad de hacerse viral por si mismo, tu anuncio no se moverá y ahí quedará para la historia.
Una vez realizas la primera publicación, enseguida te aparecerá el mensaje de ¡Patrocina esta petición!, y … a pagar:

En mi caso particular, comentaros que pagué 5 € la primera vez para comprobar que esto se movía. Te dicen que como objetivo debes marcarte llegar a las 10 firmas, y lo lográs fácil. La segunda vez pagué 20 € … y te debes marcar como objetivo llegar a las 100 firmas. Y aquí os dejo los resultados a día de hoy. Y de aquí ya no se mueve hasta que no vuelvas a «patrocinar» tu petición.

Obviamente, por simple regla de tres simple, te das cuenta de lo caro que puede llegar a ser publicitar tu petición (y ahora multiplicad estas cifras por 200 millones de usuarios, o por los 14 millones de usuarios en España. Habrá mucho usuario «pasivo», pero … ). Más allá de que además no tienes más información, no sabes quienes y dónde se está viendo tu anuncio. En estos casos y otros que aparecen, no es lo mismo que lo vea mi tía del pueblo del norte de la provincia de Lugo, que alguién del norte de África, a que pudiese ir dirigido a cierto tipo de población más sensible con este tipo de luchas, geografías específicas, etc.
Y había que seguir, quedaban muchas cosas por hacer. Algunas ideas locas se me pasaban por la cabeza, algunas demasiado locas, quizá. Pero hasta llegar al Defensor del Pueblo teníamos aún camino que recorrer. En pararelo seguíamos luchando con Ayuntamiento de Villa del Prado, Comunidad de Madrid, y otras organizaciones públicas y privadas: un magnífico aprendizaje, la verdad. La intención final es y siempre será que, cuando pase lo que tenga que pasar, NADIE pueda decir: ¡Ah, es que yo no sabía nada!.
Así que, en breve, el siguiente paso. Paso 7: El desparecido Presidente, sigo esperando que en breve disfrutaremos.